El martes 28 de noviembre fui a extraerme una de mis muelas del juicio restantes.
La ortodoncista había insistido mucho en que debía extraerme todas las muelas. Inicialmente solo tenía 3, no sé qué pasó con la cuarta, o si no llegó a salir.
El caso es que en la explicación inicial del tratamiento de ortodoncia que necesitaría solo recuerdo que me nombraran UNA extracción, no 3.
Y es que, aunque estoy contenta con la clínica y sé que es el mejor sitio en el que podría estar, también creo que la información que dan sobre el tratamiento a veces no es todo lo concreta y realista que debiera ser (no hablo de esta clínica en concreto, hablo en general, por otros casos que conozco)
Pero eso da para otro post, y ahora vengo a hablar de mis muelas del juicio.
No es que yo les tuviera especial cariño, pero tampoco es de buen gusto quitarse piezas que no te están dando problemas.
En verano ya me quité una de ellas, de la parte de arriba. Fue bastante rápido y sencillo, y a pesar de eso, me quedé con una sensación desagradable.
Y este día 28 de noviembre fui a quitarme una de las de abajo, que ya me habían comentado que son más complicadas.
Como en mi lado derecho tengo un implante, preferí que me quitaran la del lado izquierdo (en mi esperanza de que quizá, no fuera necesario extraer la del lado derecho)
El caso es que a pesar del cuidado de la doctora, ese día salió mal casi todo lo que podía salir mal:
- La anestesia tardó en hacerme efecto, y no me hizo el suficiente (tuvimos que esperar más y tuvieron que pincharme más. Más rato de espera y más nervios)
- Las raíces de mi muela apuntaban hacia el interior, hacia la lengua. Lo cual hacía bastante difícil poder tirar bien de ella.
- Y cuando estaba sacándola... tachán, la corona se partió, dejando las raíces dentro.
- La doctora tuvo que abrir encía, taladrar, extraer una por una... en fin
Por supuesto, después de semejante festival dental, mi cara se hinchó como la de un hamster, aunque al menos no me salió moratón.
Tuve dolor durante días, en que me estuve dopando con paracetamol, ibuprofeno y tomando los antibióticos recetados.
Y lo peor era la sensación de vulnerabilidad, de haber sufrido daño. De pensar "y por qué hago esto"
Así que dos días después, cuando fui a la clínica de ortodoncia para que me recortaran la férula, que aún tenía la forma de la muela extraída (y así poder seguir llevándola), no sé cómo pero me derrumbé.
Y sin querer me puse a llorar y a decir que no quería más extracciones, que no lo podía soportar y que no-no-no-no-no.
Tan mal debieron verme, que la orto jefe que estaba allí dijo que volverían a escanearme para planificar un nuevo tratamiento sin tener que extraer la muela del juicio restante.
Así que el 5 de diciembre, mi cita para conseguir mis taches se convirtió en cita para reescanearme.
(Continuará...)



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